LA OBESIDAD Y LOS BEBÉS LACTANTES

 

No son pocos los padres que se encuentran inquietos por los rumores y comentarios que abundan en las redes sobre una posible relación entre la obesidad de niños y niñas lactantes y la leche materna, un asunto que según un nutrido grupo de científicos, expertos y dietistas consideran rotundamente falso.

Relación entre obesidad y bebés lactantes
Relación entre obesidad y bebés lactantes

La obesidad es, por definición, una malnutrición por exceso, que en el caso de los bebés se considera sobrepasar los rangos normales de peso por encima del 20 %, siendo el 10 % considerado como sobrepeso.

Debemos de entender que durante el tiempo que comprende la alimentación lactante exclusivamente, es decir, los seis primeros meses, cada bebé tiende a madurar, crecer o engordar de forma diferente, en dependencia de su propia genética. Puede que alguno llegue a considerarse obeso durante este tiempo, según las curvas médicas de crecimiento, pero debemos comprender que es algo completamente natural, pues si están sanos los amamantados regularán la ingesta de leche materna en dependencia a sus propias necesidades. Así mismo y como es sabido, durante los primeros 3 meses de vida es bastante normal que los niños amamantados crezcan rápidamente, algo que se frenará y se regulará cuando puedan ejercitarse con mayor libertad y auto control, volviéndose más activos, al gatear y al caminar.

Niños lactantes con menor probabilidad de ser obesos en el futuro

Ha quedado demostrado científicamente que no solo no existe relación entre la leche materna y los niños y niñas obesos en edades tempranas, sino que, además, los que han recibido esta alimentación en exclusividad hasta los seis meses tendrán bastante menores probabilidades de sufrir obesidad en el futuro.

Siendo como es en la actualidad un problema de primer orden, considerada como una pandemia, el Ministerio de Salud está impulsando la lactancia materna para evitar o reducir las cifras de obesos en adultos.

Uno de los motivos por los que se asegura que al tomar leche materna se sufre menos riesgos de sufrir este mal contemporáneo es que el bebé, durante esta etapa, regula por sí mismo la ingesta, la toma a demanda, parando cuando se siente satisfecho, mientras que con leche externa se inhibe esta situación, pues se fuerza al bebé a seguir consumiendo, obligado por los padres a terminar la dosis que se cree necesaria y que es estándar para todos los bebés, un clásico y tremendo error, pues el niño ingiere más de lo que debería por su propia naturaleza.

Así mismo, se considera que tanto el tipo de grasa que se consume, como la composición corporal de los niños lactantes, es diferencian sustancialmente de los bebés alimentados con leche de fórmula, siendo este un factor decisivo para protegerlo de una posible obesidad en el día de mañana.

En cualquier caso, insistimos, si el bebé con alimentación exclusiva de leche materna presenta signos de obesidad, no debemos preocuparnos, no se aconseja en ningún caso cambiar el tipo de alimentación y sustituir la lactancia por leche de fórmula, ni siquiera distanciar las tomas, u ofrecer agua para saciarlo. El consumo de leche materna a demanda debe mantenerse, de forma completamente natural, el pequeño se autorregulará solo y dejará de estar obeso en cuanto tenga una mayor capacidad de adaptación.