Hay escenas que casi todos los padres recuerdan muy bien. El bebé acaba de comer, parecía tranquilo, incluso con esa carita de paz que dura poco, muy poco… y, de repente, empieza a retorcerse, a encoger las piernas, a ponerse incómodo. Llora. Se tensa. Tú miras su barriguita y piensas: “algo no le sienta bien”. Y muchas veces, sí, son gases.
En La Casa del Peque sabemos que este momento puede descolocar bastante. Porque una cosa es leer que “es normal” y otra vivirlo a las dos y media de la madrugada, con un pijama torcido, el biberón en la encimera y la sensación de que nada funciona. Por eso hemos preparado esta guía práctica sobre cómo quitar los gases a un bebé, con consejos sencillos, seguros y realistas, de esos que de verdad acompañan.
No hay una varita mágica, ojalá. Pero sí hay pequeños gestos que ayudan mucho. Y cuando los conoces, se nota. En el bebé, en tu calma, en el ambiente de casa… en todo.
Por qué se le acumulan gases a un recién nacido o lactante
Los gases en los bebés son muy frecuentes porque su sistema digestivo aún está madurando. Es decir, su tripita está aprendiendo. Aprendiendo a digerir, a mover el aire, a expulsarlo, a coordinar todo ese pequeño gran lío que dentro del cuerpo parece automático, pero al principio no lo es tanto.
Además, durante las tomas pueden tragar aire. Ocurre con el pecho, con el biberón y, en ocasiones, con ambas cosas. A veces por un agarre mejorable, otras por comer con ansiedad, otras porque el bebé llora antes de comer y ya llega a la toma con aire dentro. Cosas de bebés. Y de la vida, también.
Curiosamente, no siempre que un bebé tiene gases hay una causa clara. Puede influir la postura, el ritmo de alimentación, el momento del día o incluso esa etapa en la que parecen estar más sensibles a todo. Sobre todo durante las primeras semanas y meses, es bastante habitual que tengan el abdomen hinchado o molestias digestivas puntuales.
Y luego está ese detalle que pocas veces se cuenta con cariño, pero conviene decirlo: los bebés son adorables, sí, pero vienen sin manual y con un aparato digestivo todavía un poco improvisado. Normal que a veces proteste.
Señales para saber si tu bebé tiene gases y no otro tipo de molestia
No todo llanto significa gases, claro. Hambre, sueño, calor, frío, necesidad de brazos, sobreestimulación… un bebé puede quejarse por muchas razones. Aun así, hay ciertas señales que suelen apuntar a malestar por aire acumulado.
Una de las más típicas es que encoge las piernas hacia la barriga o se retuerce después de comer. También puede arquear la espalda, ponerse rojo, apretar el abdomen o parecer incómodo aunque haya comido hace poco y tenga el pañal limpio. En ocasiones, además, se calma un poco al expulsar un eructo o al soltar una ventosidad. Ahí ya casi no hay misterio.
Otra pista muy común es el horario. Muchos bebés están relativamente bien durante el día y empeoran al final de la tarde o por la noche. No siempre, pero pasa bastante. Ese rato en el que la casa se pone más intensa y todo parece cuesta arriba. Si notas ese patrón, probablemente su tripita esté diciendo algo.
Eso sí, si el llanto es muy agudo, persistente o se acompaña de otros síntomas, conviene mirar más allá. Lo veremos más abajo.
Cómo aliviar los gases del bebé en casa de forma segura
Cuando pensamos en cómo aliviar los gases del bebé, lo más importante es ir a lo sencillo y seguro. Sin prisas, sin remedios raros y sin hacer experimentos que “le fueron fenomenal al sobrino de una vecina”. Cada bebé responde de una manera, pero hay técnicas que suelen funcionar bastante bien si se hacen con suavidad y constancia.
Colocarle en la postura adecuada después de las tomas
Después del pecho o del biberón, la postura importa mucho más de lo que parece. Mantener al bebé incorporado durante unos minutos puede ayudar a que el aire suba y salga con mayor facilidad. Es uno de esos gestos simples que, cuando se convierten en rutina, suelen dar bastante resultado.
Podemos colocarle apoyado sobre nuestro pecho, con su cabecita en nuestro hombro y el cuerpo en vertical. También funciona sentarlo ligeramente sobre nuestras piernas, sujetando bien su cuello y espalda, sin forzar. La clave está en que esté erguido, tranquilo y acompañado. Sin zarandear, sin moverlo como si estuviéramos preparando una tortilla, que a veces el cansancio inspira ideas discutibles.
En muchos casos, dejar al bebé tumbado justo después de la toma favorece que el aire se quede atrapado y aumente la molestia. Por lo tanto, mejor esperar un poco antes de acostarlo, aunque sean diez o quince minutos. Parece poca cosa, pero no lo es.
Técnicas para sacar el aire con suaves palmadas y masajes
Las palmadas suaves en la espalda son un clásico. Y lo son por algo. Bien hechas, ayudan a movilizar el aire y favorecen el eructo. Lo ideal es dar toquecitos delicados, rítmicos, con la mano hueca, mientras el bebé está incorporado. Nada brusco. Nada rápido. Aquí manda la calma.
Si ves que no eructa enseguida, no pasa nada. A veces tarda. A veces no sale. A veces parece que no va a pasar nada y, justo cuando ya has desistido, aparece un eructo digno de celebración familiar. Los bebés tienen ese timing.
También podemos hacer un masaje suave en la barriguita, con movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj. Ese recorrido acompaña el tránsito intestinal y puede ayudar mucho cuando hay gases atrapados. Lo recomendable es hacerlo con manos calentitas, en un ambiente tranquilo, sin apretar. Más mimo que técnica, por así decirlo. Y se nota bastante.
Movimientos con las piernas para favorecer la expulsión de gases
Otro recurso muy útil es mover las piernas del bebé como si estuviera pedaleando. Sí, la famosa “bicicleta”. Puede sonar básico, pero funciona en muchos casos porque ayuda a movilizar el abdomen y favorece la expulsión del aire acumulado.
Podemos tumbar al bebé boca arriba sobre una superficie cómoda y llevar sus piernas hacia el abdomen con suavidad, alternándolas o flexionándolas a la vez. Siempre despacio, observando cómo responde. Si se relaja, seguimos. Si se pone más incómodo, paramos. No hay que empeñarse.
En ocasiones, combinar estos movimientos con caricias en la barriga mejora aún más el resultado. Es una rutina sencilla, amorosa, casi cotidiana. Un poco como poner una lavadora o buscar el chupete por tercera vez en el sofá, pero con más ternura. Y menos pelusas, esperamos.
Cuándo aplicar calor suave en la barriguita
El calor suave puede aliviar mucho cuando el bebé tiene la tripa tensa o hinchada. No hace milagros, pero ayuda. Ese calorcito agradable, controlado, sin excesos, relaja la zona abdominal y puede calmar bastante el malestar.
Podemos utilizar nuestras propias manos templadas, que ya de por sí reconfortan, o una muselina tibia, siempre comprobando antes la temperatura. Nunca debe estar caliente de verdad. Nunca. La piel del bebé es muy sensible y aquí más vale quedarse cortos que pasarse.
En general, este recurso va bien en momentos puntuales, sobre todo cuando notas que está inquieto, se retuerce o tiene la barriga dura. Aun así, conviene usarlo como complemento, no como única solución. El calor ayuda, sí, pero suele funcionar mejor junto a una buena postura, masaje y paciencia. Mucha paciencia, la verdad.
Las mejores posturas para ayudar a expulsar el aire tras el biberón o el pecho
Hay bebés que eructan enseguida y otros que se hacen de rogar. En ambos casos, la postura puede marcar una gran diferencia. La más conocida es la vertical sobre el hombro, porque permite que el aire suba de forma natural. Además, el contacto con nosotros les calma. Y un bebé calmado, en general, gestiona mejor cualquier molestia.
Otra postura útil es sentarlo sobre nuestras piernas, inclinando ligeramente su cuerpo hacia delante mientras sujetamos pecho y barbilla con cuidado. No la garganta, ojo. Solo un soporte delicado para que mantenga la posición. En esta postura, unas palmadas suaves en la espalda suelen funcionar bastante bien.
También puede ir bien colocarlo boca abajo sobre nuestro antebrazo, con la cabeza bien sujeta y la barriguita apoyada. Esta posición ejerce una ligera presión que a veces ayuda a liberar gases. No es la más cómoda para todos los bebés, pero algunos la agradecen muchísimo. En esto, como en casi todo con ellos, hay un punto de ensayo y observación.
Cómo dar el pecho o el biberón para reducir la entrada de aire
Prevenir los gases no siempre es posible al cien por cien, pero sí podemos reducir la cantidad de aire que entra durante las tomas. Y ahí hay detalles muy pequeños que, curiosamente, cambian mucho la película.
Agarre correcto durante la lactancia materna
En la lactancia materna, un buen agarre es fundamental. Si el bebé no se engancha bien al pecho, es más fácil que succione aire junto con la leche. Por eso conviene observar si abarca buena parte de la areola, si sus labios están evertidos y si la succión se ve eficaz y cómoda.
Cuando el agarre no es correcto, suelen aparecer señales: chasquidos al mamar, tomas muy largas, irritación en el pezón, incomodidad y, sí, más gases después. En estos casos, revisar la postura y buscar ayuda especializada puede marcar un antes y un después. Y no, no es exagerado. A veces un pequeño ajuste cambia por completo las tomas.
Además, es recomendable dar de comer al bebé antes de que llegue llorando desconsolado. Cuando tiene muchísima hambre, traga más deprisa y entra más aire. Es humano, casi. Bueno, bebé, pero nos entendemos.
Elección de la tetina y ritmo de alimentación
Si toma biberón, la tetina debe adaptarse a su edad y a su forma de succionar. Una tetina con flujo demasiado rápido puede hacer que trague con ansiedad. Una demasiado lenta, que succione con esfuerzo y termine tragando aire igualmente. El equilibrio, como casi siempre, está en el punto medio.
También ayuda ofrecer el biberón con la tetina siempre llena de leche, evitando que quede aire en su interior. Y hacer pausas durante la toma, sobre todo si el bebé come con mucha avidez. Parar un momento, incorporarle, facilitar un eructo… y seguir. No pasa nada por ir más despacio. De hecho, muchas veces esa es la clave.
En ocasiones, elegir biberones anticólicos puede ser una buena idea. No son mágicos, pero sí pueden reducir la entrada de aire en algunos bebés. No todos responden igual, eso sí. A veces el primer modelo va genial, otras toca probar un poco más. Un clásico de la crianza moderna, junto con las toallitas que desaparecen misteriosamente.
Errores frecuentes durante las tomas
Uno de los errores más comunes es dar la toma con el bebé demasiado tumbado. Esa postura puede favorecer que entre más aire y, además, dificulta que luego lo expulse. Mejor una posición semincorporada, más natural y cómoda para él.
Otro fallo frecuente es no hacer pausas cuando el bebé come muy rápido. Pensamos que cuanto antes termine, mejor. Y no siempre. En ocasiones, ir más despacio evita bastante malestar después. También conviene revisar si el agujero de la tetina está en buen estado y si el biberón está bien montado, porque a veces el problema está en un detalle tontísimo.
Y luego está el querer acostarlo justo al acabar, porque parece dormidito, tan mono, tan tranquilo… error. Muchas veces, cinco minutos después, empieza el festival de quejas. Mejor esperar un poco.
Qué hacer si el bebé tiene gases por la noche y no puede dormir
La noche amplifica todo. El cansancio, el silencio, la preocupación. Si el bebé tiene gases nocturnos, lo primero es intentar mantener la calma, aunque cueste. Podemos cogerle en brazos, incorporarlo, hacer un masaje suave o mover sus piernas con delicadeza. A veces no hace falta mucho más.
También ayuda reducir la estimulación del entorno. Luz tenue, voz bajita, movimientos lentos. No convertir el momento en una fiesta, por decirlo así. La idea es aliviarle sin desvelarlo del todo. Porque luego volver a dormir… ya sabemos.
Si notas que las molestias se repiten cada noche, puede ser útil revisar cómo están siendo las tomas de la tarde y de la noche. En ocasiones, pequeños cambios ahí mejoran bastante el descanso. Y eso, siendo sinceros, en una casa con bebé vale oro.
Diferencias entre gases, cólicos del lactante y estreñimiento
Aunque a veces se confunden, no son exactamente lo mismo. Los gases suelen dar molestias puntuales, con barriga hinchada, retortijones leves y alivio tras expulsar aire o hacer caca. El bebé puede estar incómodo, pero entre episodios suele tener momentos tranquilos.
El cólico del lactante, en cambio, implica un llanto más intenso, repetido y difícil de consolar, a menudo a la misma hora del día. No siempre está causado por gases, aunque se mezclen mucho en el imaginario colectivo. Ese “tiene cólicos” que se dice con tanta facilidad… no siempre describe lo que pasa.
El estreñimiento suele relacionarse con dificultad para evacuar, heces duras o esfuerzo al hacer caca. Puede coexistir con gases, sí, pero requiere observar otros signos. Por eso conviene mirar el conjunto, no solo la tripita.
Remedios que conviene evitar aunque sean muy populares
Hay remedios caseros que siguen circulando de familia en familia y, sinceramente, no todos son buena idea. Dar infusiones a un bebé pequeño, ofrecer sustancias que no haya indicado el pediatra o hacer manipulaciones bruscas en el abdomen no es recomendable.
Tampoco conviene cambiar de leche o retirar alimentos de la dieta materna por intuición, sin valorar si realmente hay una causa detrás. A veces se hacen cambios grandes por molestias normales del desarrollo digestivo, y eso genera más lío que alivio.
Y cuidado con ese consejo de “déjalo llorar que así suelta los gases”. No. El llanto puede hacer que trague más aire y se ponga peor. Además, bastante tiene el pobre.
Cuándo preocuparse y consultar con el pediatra
La mayoría de los gases en bebés son molestos, sí, pero pasajeros. Aun así, hay situaciones en las que merece la pena consultar para quedarse tranquilos o descartar otra causa.
Síntomas de alarma que no debes pasar por alto
Debemos consultar con el pediatra si el bebé tiene fiebre, vómitos frecuentes o verdosos, diarrea intensa, sangre en las heces, rechazo continuado de las tomas o un abdomen muy distendido y duro que no mejora. También si llora de forma inconsolable durante muchas horas o parece decaído, sin fuerza, raro.
Otro motivo de consulta es que no gane peso adecuadamente o que el malestar vaya claramente a más con el paso de los días. A veces no es nada grave, pero conviene revisarlo. Mejor una visita innecesaria que quedarnos con la duda dando vueltas por casa.
Y sí, la intuición de quien cuida también cuenta. Mucho. Si notas que “no es lo de siempre”, aunque te cueste explicarlo, coméntalo.
Cuánto tiempo es normal que duren las molestias
En muchos bebés, los gases son más frecuentes durante las primeras semanas y los primeros meses de vida. Suelen mejorar progresivamente a medida que el sistema digestivo madura, especialmente hacia los 3 o 4 meses, aunque cada bebé lleva su propio ritmo.
Puede haber días buenos y otros bastante reguleros. Eso es normal. Lo que no sería tan normal es un malestar constante, intenso y prolongado sin ratos de calma ni mejoría ninguna. Si lleváis varias semanas muy mal, conviene revisarlo.
A veces parece que nunca se va a acabar. Pero se acaba. De verdad. Aunque en mitad del proceso una noche parezca eterno todo.
Consejos para prevenir los gases en el día a día
En el día a día, la prevención pasa por pequeños hábitos. Dar las tomas en una postura adecuada, hacer pausas para eructar, evitar que el bebé llegue con demasiada hambre y mantenerlo incorporado después de comer son medidas muy útiles.
También ayuda observar patrones. Hay bebés que se llenan de aire cuando comen muy deprisa. Otros, cuando están nerviosos. Otros necesitan más tiempo para eructar. Conocer a tu bebé es parte del proceso, y nadie lo va hacer mejor que tú con el tiempo.
Además, un ambiente tranquilo durante la toma suele favorecer que todo vaya mejor. Menos prisas, menos ruido, menos tensión. Ya, fácil de decir. Pero incluso pequeños cambios pueden notarse mucho.
Preguntas frecuentes sobre el malestar digestivo en bebés
¿Es normal que un recién nacido tenga muchos eructos?
Sí, bastante normal. Los recién nacidos suelen tragar aire con facilidad porque todavía están coordinando succión, respiración y deglución. Por eso necesitan expulsarlo más a menudo. Algunos eructan varias veces tras una toma, otros apenas una, y también puede ser normal.
Lo importante es observar si después se quedan tranquilos y cómodos. Si el eructo les alivia, todo encaja. Y si no sale siempre, tampoco significa que lo estemos haciendo mal. A veces el aire sigue su camino por abajo, por decirlo elegantemente.
¿Los gases son más frecuentes con lactancia materna o artificial?
Pueden aparecer tanto con lactancia materna como con lactancia artificial. No hay una respuesta única. En algunos bebés, el problema está más relacionado con el agarre al pecho. En otros, con la tetina o con el ritmo del biberón. Y en otros, simplemente, con la inmadurez digestiva.
Por eso conviene no culpabilizar un tipo de alimentación sin motivo. Lo que más suele ayudar es revisar cómo come el bebé y qué señales da después. Más observar y menos asumir, digamos.
¿Se pueden usar gotas o probióticos?
Existen productos como gotas o probióticos que algunas familias utilizan, pero no conviene darlos por nuestra cuenta sin consultar antes con el pediatra. En ciertos casos pueden recomendarse, en otros no aportan gran cosa, y en otros directamente no hacen falta.
Lo más sensato es valorar cada situación de forma individual. Porque lo que a un bebé le va genial, a otro ni fu ni fa. Y al final acabamos acumulando cacharros, botes y dudas en el cambiador.
¿Cuándo mejoran los gases en los bebés?
Lo habitual es que mejoren con el paso de las semanas, a medida que el sistema digestivo madura y el bebé coordina mejor las tomas. Muchos notan una mejoría clara hacia los 3 meses, otros un poco después. No hay una fecha exacta.
Aun así, incluso antes de que desaparezcan del todo, suele ser posible reducir bastante las molestias con rutinas adecuadas y paciencia. Mucha. De esa que no sabías que tenías hasta que llegó un bebé a casa.
En La Casa del Peque creemos que acompañar también es esto, explicar con claridad, sin drama innecesario y sin promesas raras. Si estabas buscando cómo quitar los gases a un bebé, esperamos haberte ayudado a entender mejor qué le pasa y qué puedes hacer para aliviarle. Poco a poco, con mimo, con observación y con ese amor cotidiano que, aunque a veces llegue con ojeras, lo cambia todo.
