Hay escenas que se repiten en casi todas las casas con un recién nacido. Acabas de darle el pecho o el biberón, por fin parece relajado, tú respiras dos segundos, y de pronto… hip. Hip. Hip. Y ahí llega la duda, tan típica como humana, cómo quitar el hipo a los bebés sin hacer nada raro, sin agobiarse y sin meter la pata.
En La Casa del Peque lo vemos mucho. Madres, padres, abuelos primerizos, incluso esa amiga que viene a ayudar y termina buscando en Google con cara de urgencia. Porque el hipo en los bebés impresiona más de lo que realmente suele ser. Suena aparatoso, a veces les mueve todo el cuerpecito, y aunque muchas veces no les molesta casi nada, a nosotros nos remueve por dentro. Normal.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, el hipo infantil es algo frecuente, pasajero y sin importancia. Aun así, conviene saber por qué ocurre, qué puedes hacer para aliviarlo con seguridad y en qué momento merece la pena consultar con el pediatra. Sin dramatismos, pero sin quitarle valor a tu intuición tampoco.
Vamos a verlo contigo, paso a paso. Con calma. Que bastante tiene ya la crianza con sus noches raras, sus muselinas desaparecidas y ese café que siempre se queda frío.
Qué es el hipo en los recién nacidos y por qué es tan frecuente
El hipo aparece cuando el diafragma, que es el músculo que ayuda a respirar, se contrae de manera involuntaria. Esa contracción hace que las cuerdas vocales se cierren un instante y produzcan el famoso “hip”. En los adultos ya resulta curioso, pero en los bebés es todavía más frecuente porque su sistema digestivo y respiratorio aún está madurando.
Dicho de forma sencilla, su cuerpo todavía está aprendiendo muchas cosas. Respirar, coordinar la succión, tragar, hacer digestiones más ordenadas… todo eso va afinándose poco a poco. Por eso el hipo en recién nacidos y lactantes suele ser habitual, sobre todo después de comer.
Además, muchos bebés tienen episodios de hipo incluso dentro del embarazo. Sí, cuando tú notabas esos pequeños golpecitos rítmicos en la barriga, probablemente ya estaba ensayando. Curiosamente, verlo fuera ya nos inquieta más. Cosas de ser madre o padre, claro.
Causas más habituales del hipo en los bebés
Inmadurez del diafragma
Esta es una de las causas más comunes, especialmente en recién nacidos. El diafragma todavía no funciona con la estabilidad de un adulto y puede reaccionar con espasmos pequeños ante estímulos mínimos. A veces basta una toma, un cambio de postura o simplemente el ritmo natural del cuerpo del bebé.
Por eso, cuando nos preguntan por qué a mi bebé le da tanto hipo, muchas veces la respuesta es bastante simple, está creciendo, está madurando, está aprendiendo. Y ya. No siempre hay un problema detrás. De hecho, en muchos casos no hay nada que corregir, solo acompañar, observar y esperar a que pase. Que sí, suena poco épico, pero suele funcionar.
Tomas demasiado rápidas
Cuando un bebé come con mucha ansia, o muy rápido, es más probable que aparezca el hipo. Puede ocurrir porque tiene mucha hambre, porque la leche sale con fuerza o porque el ritmo de la toma se acelera sin que casi nos demos cuenta.
Nosotros solemos decirlo así, si la toma va como una carrera de Fórmula 1, el cuerpo luego protesta un poco. Un bebé que traga deprisa puede coordinar peor la respiración y la deglución, y eso favorece ese movimiento involuntario del diafragma. No pasa siempre, pero pasa bastante.
Exceso de aire al alimentarse
Otra causa muy habitual es que el bebé trague aire mientras come. Esto puede suceder tanto en lactancia materna como con biberón. A veces el agarre no es del todo correcto, la tetina no se adapta bien, o simplemente el peque hace pausas cortas y mete aire entre succión y succión.
Ese aire acumulado en el estómago genera presión y puede desencadenar hipo, gases o incluso alguna pequeña molestia después. Quitar el hipo al bebé muchas veces pasa, antes que nada, por entender si también necesita expulsar aire. No parece gran cosa, pero cambia mucho.
Reflujo o pequeñas regurgitaciones
Hay bebés que, además del hipo, regurgitan un poquito después de las tomas. No siempre significa que tengan un problema importante. En muchas ocasiones son pequeñas devoluciones normales, muy típicas en los primeros meses, porque la válvula que separa el esófago del estómago todavía madura.
Ahora bien, cuando el contenido del estómago sube un poco, puede irritar y favorecer el hipo. Si además notas incomodidad, arqueo de espalda, llanto frecuente tras las tomas o sueño intranquilo, conviene observarlo con más atención. No para entrar en pánico, no. Pero sí para unir piezas.
Cambios de temperatura
En ocasiones, el hipo aparece tras un cambio brusco de temperatura. Un baño, desvestir al bebé, salir a la calle en invierno, incluso pasar de estar muy calentito en brazos a apoyarlo en una superficie más fresca. El cuerpo reacciona y el diafragma, tan sensible aún, puede espasmarse.
No significa necesariamente que tenga frío, aunque durante años se haya repetido eso casi como un mantra de abuela. Algunas abuelas aciertan muchísimo, otras no tanto, y ambas cosas pueden pasar el mismo domingo antes de la paella familiar.
Cómo aliviar el hipo del bebé de forma segura
Hacer una pausa durante la toma
Si ves que el bebé empieza con hipo mientras está comiendo, o justo antes de terminar, una pausa suave puede ayudar bastante. No se trata de retirarle el pecho o el biberón de golpe, sino de frenar el ritmo, recolocarlo, permitir que respire mejor y que su cuerpo se reorganice un poco.
A veces basta con detenerse unos segundos, cambiar la postura y continuar. Ese pequeño descanso reduce la sobrecarga y ayuda a que el diafragma se relaje. Además, te permite observar si está tragando con demasiada prisa, si se ha puesto nervioso o si necesita eructar antes de seguir.
Ayudarle a expulsar los gases
Este gesto tan clásico sigue siendo útil, aunque a veces parezca que lo hacemos por inercia. Colocar al bebé erguido sobre tu hombro, sostener bien su cabecita y darle palmaditas suaves o masajear la espalda puede facilitar que expulse el aire tragado durante la toma.
No todos los bebés eructan igual de fácil, eso también es verdad. Algunos sueltan un eructito elegante en diez segundos y otros se lo piensan como si estuvieran redactando una oposición. Pero merece la pena intentarlo, porque cuando el hipo se relaciona con gases, aliviar esa presión suele ayudar mucho.
Mantener al bebé incorporado unos minutos
Después de comer, mantener al peque en una posición algo incorporada durante unos minutos es una medida sencilla y bastante efectiva. No hace falta tenerlo tieso como un palo, ni ponerlo en posturas raras. Basta con sostenerlo en brazos, pegado a ti, con una inclinación cómoda.
Esto favorece la digestión, ayuda a que no suba tan fácilmente la leche y reduce la probabilidad de que aparezcan tanto el hipo como las regurgitaciones. Además, siendo sinceros, también regala uno de esos momentos bonitos de la crianza. Bebé calentito, respiración tranquila, tu hombro lleno de amor… y a veces de leche, sí.
Revisar el agarre en pecho o biberón
Si el hipo es muy frecuente, revisar cómo se alimenta el bebé puede marcar la diferencia. En lactancia materna, conviene comprobar que el agarre sea profundo, que abarque bien la areola y que no haga chasquidos al succionar. En biberón, es importante que la tetina tenga un flujo adecuado y que no entre aire en exceso.
Pequeños ajustes pueden reducir mucho el aire tragado. Y eso, aunque no parezca espectacular, suele notarse. Muchísimo. A veces no era que el bebé “tuviera mucho hipo”, era que estaba comiendo de una forma que le costaba un pelín más.
Ofrecer la toma con calma y sin prisas
Parece obvio, pero no siempre es fácil. Vivimos con prisa, comemos con prisa, contestamos audios con prisa y a veces, sin querer, trasladamos ese ritmo a la toma. Un ambiente más tranquilo, menos ruido, menos estímulos y más pausa puede ayudar a que el bebé succione mejor.
Por lo tanto, si notas que se pone muy nervioso al comer, prueba a adelantar un poco la toma antes de que tenga un hambre feroz. Ese margen evita la desesperación inicial y mejora el ritmo. No siempre sale perfecto, claro, pero funciona más veces de las que parece.
Qué hacer si el hipo aparece después de comer
Si el hipo aparece justo después de una toma, lo más recomendable es no agobiarse y observar primero cómo está el bebé. Si está tranquilo, con buen color, relajado y sin llanto, normalmente basta con mantenerlo incorporado, ayudarle a sacar gases si todavía no lo ha hecho y esperar unos minutos.
No hace falta darle agua, ni moverlo demasiado, ni probar “trucos” extraños que circulan de móvil en móvil desde hace años. En bebés pequeños, menos inventos y más sentido común. Si el hipo no le molesta, muchas veces desaparece solo.
También puedes cogerlo en brazos, hablarle suave, mecerlo un poco. No porque el hipo necesite una serenata, aunque a veces casi lo parece, sino porque la calma corporal ayuda. Y porque, siendo honestos, muchas veces el que necesita ese ratito de calma eres tú también.
Cómo prevenir que el hipo sea tan frecuente
Evitar que trague aire
Prevenir el hipo pasa, en buena parte, por reducir la entrada de aire durante la alimentación. Para ello conviene vigilar el agarre, la posición y el ritmo. En biberón, además, puede ser útil revisar el tipo de tetina y comprobar que esté siempre llena de leche al succionar.
No hay una fórmula mágica universal, cada bebé tiene sus manías y sus tiempos. Pero si vemos que traga menos aire, normalmente vemos también menos hipo, menos gases y menos incomodidad general. Todo suma.
Elegir una postura adecuada al alimentarlo
Dar de comer al bebé en una postura cómoda y algo incorporada suele ayudar bastante. Tanto si toma pecho como biberón, es preferible evitar posturas demasiado tumbadas, sobre todo si tiene tendencia a regurgitar o a hacer hipo con frecuencia.
Una postura adecuada facilita la coordinación al tragar y puede disminuir el esfuerzo digestivo. Además, tú también lo notas. Menos tensión, más control, menos sensación de caos. Que a veces la diferencia entre una toma plácida y una pequeña gymkana está solo en unos centímetros de inclinación.
Controlar el ritmo de la toma
No todos los bebés comen al mismo ritmo, y eso está bien. Aun así, cuando un peque devora, hace pausas cortísimas y parece que compite con alguien invisible, puede venir bien ayudarle a frenar un poco. Parar unos segundos, cambiar de lado o retirar levemente el biberón puede servir.
Esto no significa interrumpirle sin necesidad, sino acompañar el ritmo para que no se acelere demasiado. En ocasiones, con ese simple gesto, el hipo aparece menos. Parece poca cosa, pero no lo es.
No acostarlo justo después de comer
Después de una toma, conviene esperar un poco antes de tumbarlo del todo. Ese tiempo, aunque sean diez o quince minutos, puede ayudar a que la digestión arranque mejor y a que el aire suba con más facilidad.
No siempre se puede, lo sabemos. Hay bebés que se duermen rendidos, otros tienen horarios imprevisibles, y luego está la vida real, la lavadora, el timbre, la llamada de tu madre. Pero en la medida de lo posible, evitar acostarlo de inmediato suele ser buena idea.
Errores que conviene evitar para no empeorarlo
Asustar al bebé o estimularlo bruscamente
Ese truco tan famoso para cortar el hipo en adultos no tiene ningún sentido en un bebé. Asustarlo, darle un sobresalto o estimularlo de forma brusca no solo no ayuda, sino que puede alterarlo más y hacer que trague más aire o llore.
Y un bebé llorando, como era de esperar, tiende a ponerse más tenso. Así que no. Nada de sustos. Ni aunque lo haya dicho alguien con mucha seguridad y un grupo de WhatsApp detrás.
Dar remedios caseros no recomendados
Azúcar, agua, infusiones, gotitas sin indicación, presión en la lengua, movimientos raros… mejor no. Los bebés, sobre todo los más pequeños, no necesitan remedios improvisados para el hipo. Necesitan medidas seguras, observación y sentido común.
En La Casa del Peque somos muy de escuchar consejos de familia, porque hay mucha sabiduría en ellos, pero también sabemos que no todo lo antiguo es automáticamente bueno. Algunas cosas se hacían, sí. Otras mejor que no vuelvan.
Interrumpir la alimentación sin motivo
Si el bebé tiene hipo pero está comiendo bien y tranquilo, cortarle la toma de forma abrupta puede ser contraproducente. Se enfada, llora, traga más aire, se altera… y al final acabamos peor que al principio.
Por eso conviene valorar el contexto. Si está cómodo, quizá solo necesita seguir a su ritmo. Si el hipo parece molestarle, entonces sí, hacemos una pausa suave. Pero no siempre hay que intervenir. A veces menos es mas, literalmente.
Forzar posturas incómodas
Doblarlo, presionarlo o colocarlo en posiciones que parecen sacadas de un tutorial sospechoso no es recomendable. El bebé debe estar cómodo, bien sostenido y seguro. Nada de inventos acrobáticos.
Una postura natural, incorporada y estable suele ser suficiente. No hace falta complicarlo tanto. Que bastante misteriosa es ya la crianza sin necesidad de convertirla en yoga extremo.
Cuándo el hipo en bebés es normal y cuándo consultar al pediatra
Señales de alerta a tener en cuenta
En la mayoría de los casos, el hipo es benigno. Pero conviene consultar con el pediatra si aparece acompañado de otros signos como llanto intenso, rechazo continuado de las tomas, dificultades para respirar, coloración extraña, tos persistente o mal aumento de peso.
También si notas que hay mucho malestar después de comer, arqueo frecuente, regurgitaciones abundantes o sueño muy interrumpido. No porque el hipo sea peligroso en sí, sino porque a veces puede formar parte de un cuadro que merece revisión. Tu intuición aquí cuenta, y bastante.
Hipo muy frecuente, prolongado o con malestar
Si el bebé tiene episodios muy repetidos, duran mucho tiempo o parecen afectar a su descanso y bienestar, es buena idea comentarlo en consulta. No suele ser urgente, pero sí conviene revisarlo para descartar reflujo importante u otras molestias digestivas.
En resumen, el hipo es normal cuando es ocasional, breve y no altera al bebé. Nos preocupa más cuando viene con malestar claro o con otros síntomas. Ahí, mejor preguntar. Para eso está el pediatra, no para juzgarte por preguntar si cuatro hipos por hora son “muchos”. Que por cierto, depende.
Dudas frecuentes de madres y padres sobre el hipo infantil
¿Es malo que un recién nacido tenga hipo a menudo?
No, en principio no es malo. Muchos recién nacidos tienen hipo a diario, incluso varias veces al día, y siguen estando perfectamente sanos. Suele relacionarse con la inmadurez del diafragma y con la forma en que comen.
Lo importante es observar el conjunto. Si come bien, moja pañales, duerme razonablemente y está tranquilo, lo más probable es que sea algo normal. Un poco aparatoso, sí. Pero normal.
¿El hipo significa que el bebé tiene frío?
No necesariamente. Este es uno de esos mitos que siguen muy vivos. A veces puede coincidir con un cambio de temperatura, pero el hipo no es una señal fiable de que tenga frío. Para saberlo, es mejor tocar la nuca o el pecho, y valorar su temperatura general.
Los pies fríos, por ejemplo, no siempre dicen gran cosa. Ya sabemos cómo son los pies de bebé, un universo aparte.
¿Puede dormir con hipo?
Sí, muchos bebés pueden dormir con hipo sin problema. De hecho, algunos ni se inmutan. Si está adormilado, cómodo y respira bien, no hace falta despertarlo solo por eso.
Otra cosa es que el hipo venga acompañado de incomodidad, reflujo o llanto. Ahí sí puede merecer la pena cogerlo, incorporarlo un poco y acompañar ese momento antes de acostarlo del todo.
¿El chupete ayuda a calmarlo?
En algunos bebés sí puede ayudar, porque la succión no nutritiva favorece la relajación del diafragma y les calma. No es una solución mágica ni sirve siempre, pero puede funcionar en ciertos momentos.
Eso sí, depende de la edad, del uso que ya hagáis del chupete y de cómo lo acepte el bebé. Hay peques que lo aman con pasión y otros lo escupen con una dignidad tremenda.
Consejos prácticos para tranquilizar al bebé y a los padres
Cuando aparece el hipo, intenta mirar primero al bebé antes que al reloj, a la app o al chat familiar. Su estado general te dará la mejor pista. Si está tranquilo, respira bien y no parece molesto, probablemente no hay que hacer gran cosa.
Cógelo en brazos, colócalo incorporado, revisa si necesita eructar, baja un poco el ritmo de la situación. Habla bajito. Respira tú también. Porque sí, a veces el hipo del bebé dura poco, pero nuestro agobio aguanta bastante más.
Y aquí va algo importante, no estás haciéndolo mal porque tu bebé tenga hipo. No significa que hayas dado mal la toma, ni que se te haya escapado algo terrible. Significa que tienes un bebé. Y los bebés hacen cosas desconcertantes con una naturalidad pasmosa.
Conclusión: cómo actuar ante el hipo infantil con tranquilidad y seguridad
Si has llegado hasta aquí buscando cómo quitar el hipo a los bebés, quédate con esta idea principal, en la mayoría de los casos no hace falta “quitarlo” de forma inmediata, sino acompañar al bebé con calma, favorecer una toma tranquila, ayudarle a expulsar gases y mantenerlo incorporado unos minutos.
El hipo en bebés suele ser frecuente, normal y pasajero. Aun así, merece la pena conocer las causas, evitar ciertos errores y saber cuándo consultar. Porque la tranquilidad no viene de restarle importancia a todo, sino de entender qué está pasando.
En La Casa del Peque creemos mucho en eso, en acompañarte con información clara, útil y amable. Sin alarmas innecesarias. Sin recetas milagro. Con criterio, con cariño y con esa cercanía que a veces hace más falta que cualquier manual. Porque criar no va de hacerlo perfecto. Va de hacerlo presente. Y eso, aunque a veces no lo parezca, ya es muchísimo.
